Hasta siempre
Tráeme la tarde, tráeme la brisa y el aroma del mar,
tráeme el tejido de tus manos y tus ojos, ven y abrázame,
repíteme que no me voy y tal vez no me vaya.
Ven y abrázame. Dime que no me voy.
Acércate más, no puedo ver en esta oscuridad.
Siento tu voz, nada más.
Siento que me he ido tan lejos de ti.
Dime ese poema. Porque es áspera y fea...
Repite para mí esa plegaria de amor.
Siento que el sol cae, que mi sillón ya no está tibio.
Siento que una mano de hierro extrema su presión
sobre mi corazón. Siento que tropiezo. Siento que caigo.
Prométeme que no quemarás mi cuerpo.
Quiero fundirme con la tierra, quiero servir de alimento
a larvas. moscas, gusanos, pájaros sin honra,
a ácaros memoriosos, hormigas o ciempiés.
Quiero estar al pie de una peonía, a la sombra de un ciprés.
Quiero tenerte a mi lado cuando tú lo desees,
por toda la eternidad que me aguarda.
Estar en pétalos y hojas, estar en la arcilla de un jarrón,
quiero estar en este templo, déjame esta iglesia que he pisado,
sin saberlo, llena de fragmentos de genios y piratas, de músicos
sin gloria, de músicos gloriosos, esta tierra , esta gente hostil
y la gente gentil, la amable y amorosa.
No importa. Ya no cuento con nada
sino con la eterna paz, con el dormir eterno.
Estaré siempre, cada día, mi letra en un libro,
mi tejido en un abrigo, en una costura, en una pintura,
en algún pelo blanco que dejé en mi almohada. Sacúdelo y ya.
Sé feliz. Sé feliz. Sé feliz. Atrévete, aprende, sé feliz.
Soy ahora parte del mundo, soy siempre parte de ti.
http://tengomiedoaperdertusojos.blogspot.com/ La autora busca editar sus reflexiones, poemas, algunos cuentos. Su contenido es en cierto modo filosófico, no hay referencias a otros temas que no sean los fundamentos de la vida.
sábado, 13 de abril de 2013
Muda
Muda
La dicha no es una sola. Pasa
el tiempo y es lo mismo
la dicha y la desdicha.
Un perro enamorado lanza ayes a la luna,
quien permanece muda, luna sumergida
en sí misma ensimismada, animada, envenenada
por una luz siniestra envejecida.
Dicha suma tempranas alegrías, diminutas
felicidades consumidas, compartidas,
y tratamos de hablar y no podemos,
el recuerdo nos cierra la garganta,
triste es
recordar la dicha en la desdicha.
Y el perro enamorado olvidó su amor.
Retornó a casa, su dolor mordiendo,
mordido por dentro, por dentro muerto,
pobre perro humano desdichado.
No me hables de teléfonos. Son otra mentira.
Nadie habla. Sólo farfullamos nuestros dolores,
apenas susurramos nuestros fracasos.
Mentimos desde el estómago, mentimos para salvarnos
ignoramos la verdad
que se esconde en cada frente, en cada diente,
en cada caja, en tu bolsa, en la mía, prudente,
saber la verdad acerca de nosotros nos destruye,
nos elimina. Sabe a cero,
sabe a número primo, a número imaginario,
sabe a jugo de limón, a humanidad podrida,
a una humanidad huérfana que ya no conoce el sentido
de nada, y menos tu mente, menos tu corazón,
la víscera envenenada, amante de un corsario,
fugaz como un mercenario.
No lamento mi mudez. Seguiré como la luna,
y ladraré como un perro sin amigos, sin amantes.
La dicha no es una sola. Pasa
el tiempo y es lo mismo
la dicha y la desdicha.
Un perro enamorado lanza ayes a la luna,
quien permanece muda, luna sumergida
en sí misma ensimismada, animada, envenenada
por una luz siniestra envejecida.
Dicha suma tempranas alegrías, diminutas
felicidades consumidas, compartidas,
y tratamos de hablar y no podemos,
el recuerdo nos cierra la garganta,
triste es
recordar la dicha en la desdicha.
Y el perro enamorado olvidó su amor.
Retornó a casa, su dolor mordiendo,
mordido por dentro, por dentro muerto,
pobre perro humano desdichado.
No me hables de teléfonos. Son otra mentira.
Nadie habla. Sólo farfullamos nuestros dolores,
apenas susurramos nuestros fracasos.
Mentimos desde el estómago, mentimos para salvarnos
ignoramos la verdad
que se esconde en cada frente, en cada diente,
en cada caja, en tu bolsa, en la mía, prudente,
saber la verdad acerca de nosotros nos destruye,
nos elimina. Sabe a cero,
sabe a número primo, a número imaginario,
sabe a jugo de limón, a humanidad podrida,
a una humanidad huérfana que ya no conoce el sentido
de nada, y menos tu mente, menos tu corazón,
la víscera envenenada, amante de un corsario,
fugaz como un mercenario.
No lamento mi mudez. Seguiré como la luna,
y ladraré como un perro sin amigos, sin amantes.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)