Miguel, mañanero, compañero, hoy sí pondría mi corazón
debajo de un zapato. Hoy todo zarpazo será cruel
Y me traicionaría hasta una abeja de miel.
Hoy tus cebollas comería, te las arrancaría de la boca,
hoy no estás en la cárcel, hoy no estás solo, hoy una multitud te repite.
Yo misma daría de comer las cebollas a los niños que te esperan,
aventaría piedras a los toros, no para alejarlos, no, sólo para jugar con ellos.
Cubriría mi cara, mi voz y mi deforme cuerpo
con una espesa capa mortuoria, y tomaría tu lugar,
para que tú volvieras a la luz. Con mi pena flotaría,
como si mi muerte fuera incompatible
con tu lengua caritativa de prisionero y solo.
Hoy mi mente se pierde en un bosque caótico
de recuerdos, de imágenes, de perdones y rencores.
Hoy me he perdido en el tiempo, y creo que también mi cordura.
se ha ido, sola, desvalida, ya cansada de los dolores.
Compréndeme, Miguel, solo a ti puedo decirlo, compañero.
Ya llegaré, en muy poco tiempo, llegaré.
http://tengomiedoaperdertusojos.blogspot.com/ La autora busca editar sus reflexiones, poemas, algunos cuentos. Su contenido es en cierto modo filosófico, no hay referencias a otros temas que no sean los fundamentos de la vida.
viernes, 27 de agosto de 2010
lunes, 23 de agosto de 2010
Otra soledad
No se me ocurre que haya todo terminado, ya,
como un árbol querido que ahora se quema en el hogar.
No se me ocurre que éste sea el final,
que una simple ceremonia de silencio y de llovizna,
ante una gran cantidad de paredes con cuencos de muerte,
indique que es un punto muerto, un callejón ciego, una trampa ya cerrada.
Si estamos aquí, precisamente aquí, tantos desconocidos,
¿cómo todos pudimos ser sus amigos?
¿Es que alguien ha quedado en algún sitio escondido?
¿Esa persona equivocó la dirección? ¿Está en otra parte?
Sí, entre las ramas, respiro de nuevo la soledad, entre las ramas
desnudas de este invierno inclemente. Por última vez, adiós.
como un árbol querido que ahora se quema en el hogar.
No se me ocurre que éste sea el final,
que una simple ceremonia de silencio y de llovizna,
ante una gran cantidad de paredes con cuencos de muerte,
indique que es un punto muerto, un callejón ciego, una trampa ya cerrada.
Si estamos aquí, precisamente aquí, tantos desconocidos,
¿cómo todos pudimos ser sus amigos?
¿Es que alguien ha quedado en algún sitio escondido?
¿Esa persona equivocó la dirección? ¿Está en otra parte?
Sí, entre las ramas, respiro de nuevo la soledad, entre las ramas
desnudas de este invierno inclemente. Por última vez, adiós.
sábado, 21 de agosto de 2010
La oscuridad. (Para Nico).
Era un glorioso atardecer. La luna apenas asomaba.
Seguí caminando por ese esbozo de senda, no más ancho que mi mano,
Entre matorrales y árboles desconocidos. Vi ante mi, de pronto, la gran casa.
Encontré la casa de los horrores, pensé, quedamente.
La llave sobre el dintel, llena de polvo y arenisca,
se deshacían los óxidos del tiempo, se iba el misterio del entorno.
La puerta abrió sin chirriar, silenciosa, oscura, con el olor húmedo
de aquello mucho tiempo encerrado. De aquello mucho tiempo escondido.
El anochecer caminó de prontro, las luces no funcionaban. Sólo se veía la luna,
Quieta como una hechicera, esperando, clara, a través de ventanas sin cortinas.
Y el murmullo aterrador del viento, que susurraba palabras, que aterraba con palabras,
Escuchadas entre silbidos, mágicas palabras que abrían y cerraban puertas y ventanas.
De pronto un golpe. Mis ojos se vuelven, y al pie de la escalera que aun no había visto
Se levanta un cuerpo oscuro y maloliente. "Soy yo, soy yo, que te esperaba!!"
Gritó la voz enardecida, locamente entusiasmada de la muerte.
Corrí detrás de mí, la mirada oblicua, la frente desdichada, la palabra muda,
Un hacha y un martillo en cada mano. Y tomé por la manga de su abrigo
ese pobre desdichado, a quien dio por encontrarme
el único día que yo no trabajaba. Rebané sus huesos como manteca,
armé un paquete sólido, apretado, y caminé de vuelta por la senda
otrora de mi vida.
La luna, indiferente, bostezó de puro aburrida. Nadie sabe que somos hermanas.
Seguí caminando por ese esbozo de senda, no más ancho que mi mano,
Entre matorrales y árboles desconocidos. Vi ante mi, de pronto, la gran casa.
Encontré la casa de los horrores, pensé, quedamente.
La llave sobre el dintel, llena de polvo y arenisca,
se deshacían los óxidos del tiempo, se iba el misterio del entorno.
La puerta abrió sin chirriar, silenciosa, oscura, con el olor húmedo
de aquello mucho tiempo encerrado. De aquello mucho tiempo escondido.
El anochecer caminó de prontro, las luces no funcionaban. Sólo se veía la luna,
Quieta como una hechicera, esperando, clara, a través de ventanas sin cortinas.
Y el murmullo aterrador del viento, que susurraba palabras, que aterraba con palabras,
Escuchadas entre silbidos, mágicas palabras que abrían y cerraban puertas y ventanas.
De pronto un golpe. Mis ojos se vuelven, y al pie de la escalera que aun no había visto
Se levanta un cuerpo oscuro y maloliente. "Soy yo, soy yo, que te esperaba!!"
Gritó la voz enardecida, locamente entusiasmada de la muerte.
Corrí detrás de mí, la mirada oblicua, la frente desdichada, la palabra muda,
Un hacha y un martillo en cada mano. Y tomé por la manga de su abrigo
ese pobre desdichado, a quien dio por encontrarme
el único día que yo no trabajaba. Rebané sus huesos como manteca,
armé un paquete sólido, apretado, y caminé de vuelta por la senda
otrora de mi vida.
La luna, indiferente, bostezó de puro aburrida. Nadie sabe que somos hermanas.
jueves, 19 de agosto de 2010
Hoy haremos música ...........
Para Nínive, con cariño inmortal.
Hoy haremos música con gritos y pianolas, con palos y tambores.
Pronto vendrá el tiempo en que las cosas viejas son quemadas,
llega la hora del adiós, después de la del celo, en las que los vientres y los labios quemaron
todas las palabras.
Poderosas las pasiones, débiles los cuerpos. Se terminó el amor. Pasaron los deseos de la paz, se quedaron en compromisos de papel, y la memoria, consumiéndose entre llamas, dijo
Cierro, que me voy, Apago, que me marcho.
Descubrimos las sinapsis y la corteza nueva, el cerebro viejo y el cuerpo calloso sólo para que moléculas de agua nos resbalen.
Llega la hora del adiós. La transición es sólo irracional, mentirosa, y sin embargo,
otra frase sagaz, como el "te veré pronto" después del amor.
No tardará el Adorado en ahogar mi único pedido de auxilio.
Por las venas me corre sólo ceniza mojada, fibras de amianto, palabras de Federico.
Mi sangre ya no es sangres, es el líquido adiós
de la separación sorpresiva, inesperada, dolorosa y solitaria.
Ahora llega la hora del alias, la hora del mentir y engañar.
Prepara los tambores, que cante el injusto la muerte,
que el eterno inerte abandona la casa.
Esa es la casa. El vino en la venas, el amodorrado cerebro, todo lo que suene o baile.
Hoy es el día de preparar saxofones. De soplar y soplar,
Mientras rebuscamos las notas.
Desenvuelve la armónica. Está en tu mochila.
Hoy haremos música con gritos y pianolas, hoy hasta los colchones sabrán beber vinagre,
clavarme en una cruz,
ser abandonados
Trenes rebosan de gente pisoteada y sin aire.
No hubo tan sólo un Holocausto.
Aunque este será el último, junto con la música muda
y los verdaderos poetas.
Hoy haremos música con gritos y pianolas, con palos y tambores.
Pronto vendrá el tiempo en que las cosas viejas son quemadas,
llega la hora del adiós, después de la del celo, en las que los vientres y los labios quemaron
todas las palabras.
Poderosas las pasiones, débiles los cuerpos. Se terminó el amor. Pasaron los deseos de la paz, se quedaron en compromisos de papel, y la memoria, consumiéndose entre llamas, dijo
Cierro, que me voy, Apago, que me marcho.
Descubrimos las sinapsis y la corteza nueva, el cerebro viejo y el cuerpo calloso sólo para que moléculas de agua nos resbalen.
Llega la hora del adiós. La transición es sólo irracional, mentirosa, y sin embargo,
otra frase sagaz, como el "te veré pronto" después del amor.
No tardará el Adorado en ahogar mi único pedido de auxilio.
Por las venas me corre sólo ceniza mojada, fibras de amianto, palabras de Federico.
Mi sangre ya no es sangres, es el líquido adiós
de la separación sorpresiva, inesperada, dolorosa y solitaria.
Ahora llega la hora del alias, la hora del mentir y engañar.
Prepara los tambores, que cante el injusto la muerte,
que el eterno inerte abandona la casa.
Esa es la casa. El vino en la venas, el amodorrado cerebro, todo lo que suene o baile.
Hoy es el día de preparar saxofones. De soplar y soplar,
Mientras rebuscamos las notas.
Desenvuelve la armónica. Está en tu mochila.
Hoy haremos música con gritos y pianolas, hoy hasta los colchones sabrán beber vinagre,
clavarme en una cruz,
ser abandonados
Trenes rebosan de gente pisoteada y sin aire.
No hubo tan sólo un Holocausto.
Aunque este será el último, junto con la música muda
y los verdaderos poetas.
Soy pena, y nada más.
No me engañaron. Me dejé engañar.
Caía nieve dentro de mi cuerpo.
Cada respiración una tortura.
Cada parpadeo, una brutal ceguera.
No había sangre en mis venas.
Sólo, tal vez, sulfato de hierro,
bisulfito de sodio,
rubíes aplastados.
Maloliente y engañada.
Engañada y anémica de rosas,
anémica de jazmines,
de pensamientos alegres.
Por fin ese tiempo terminó.
Mientras salía a la vida,
tuve un breve soplo de esperanza.
Pero nací, ya ya no puedo dejar de llorar.
Caía nieve dentro de mi cuerpo.
Cada respiración una tortura.
Cada parpadeo, una brutal ceguera.
No había sangre en mis venas.
Sólo, tal vez, sulfato de hierro,
bisulfito de sodio,
rubíes aplastados.
Maloliente y engañada.
Engañada y anémica de rosas,
anémica de jazmines,
de pensamientos alegres.
Por fin ese tiempo terminó.
Mientras salía a la vida,
tuve un breve soplo de esperanza.
Pero nací, ya ya no puedo dejar de llorar.
La isla
No entendí nunca lo que era la vida.
No entendí jamás la necesidad de creer en Dios.
Me he descuidado de todo. Soy presa de mi propia traición.
El sol no me mató. Ni la lluvia. No necesito de nada.
He desaparecido.
He estropeado todo lo que creí que quería.
Los alimentos que ingiero, los deletéreos olores que aspiro,
dentro de mi entraña se amontonan
y conviven sin ninguna antipatía.
Un día supe que lo único justo es el suelo.
Supe que somos islitas de principio a fin,
pero miembros indisolubles de una trama desechable,
de un episodio de teleteatro que ves y ves una y otra vez.
Y haces y rehaces, cual Penélope marcada, cansada, mareada, furiosa, frustrada,
que abigarra su tela de día, mezclando con oros fibras de arpillera, de esparto,
tratando de huir del espanto, de estar solo, acosado, inidentificable,
y añadiendo a su mezcla bordados de perlas, amatistas, cantos rodados,
diamantes con fémures blanquecinos, perlas con agatas rojizas,
inventando flores y retratos, con Ulises siempre en su mente.
De noche la gana el desaliento. Todos estamos solos en la noche,
cubiertos quizá por las mismas nubes,
iluminados quizá por las mismas estrellas.
"Pero yo te sufrí" yo te dije que el dulce envenenaba,
te dije que no confiaras en el amor, Federico, amor mío,
"rasgué mis venas" y repetí que todo son hormonas y sinapsis gloriosas
que un buen día conocen la niebla del olvido.
Pero no yo. Nunca olvidaré. Daré mi cuerpo al viento hasta que llegue al tuyo.
No entendí jamás la necesidad de creer en Dios.
Me he descuidado de todo. Soy presa de mi propia traición.
El sol no me mató. Ni la lluvia. No necesito de nada.
He desaparecido.
He estropeado todo lo que creí que quería.
Los alimentos que ingiero, los deletéreos olores que aspiro,
dentro de mi entraña se amontonan
y conviven sin ninguna antipatía.
Un día supe que lo único justo es el suelo.
Supe que somos islitas de principio a fin,
pero miembros indisolubles de una trama desechable,
de un episodio de teleteatro que ves y ves una y otra vez.
Y haces y rehaces, cual Penélope marcada, cansada, mareada, furiosa, frustrada,
que abigarra su tela de día, mezclando con oros fibras de arpillera, de esparto,
tratando de huir del espanto, de estar solo, acosado, inidentificable,
y añadiendo a su mezcla bordados de perlas, amatistas, cantos rodados,
diamantes con fémures blanquecinos, perlas con agatas rojizas,
inventando flores y retratos, con Ulises siempre en su mente.
De noche la gana el desaliento. Todos estamos solos en la noche,
cubiertos quizá por las mismas nubes,
iluminados quizá por las mismas estrellas.
"Pero yo te sufrí" yo te dije que el dulce envenenaba,
te dije que no confiaras en el amor, Federico, amor mío,
"rasgué mis venas" y repetí que todo son hormonas y sinapsis gloriosas
que un buen día conocen la niebla del olvido.
Pero no yo. Nunca olvidaré. Daré mi cuerpo al viento hasta que llegue al tuyo.
Pensar.....por qué?
Apoyado en el tronco del árbol miras indiferente
cómo zigzaguea una de sus hojas, buscando el río.
Si fuera otro día, la hoja sería tema de preocupación.
Pensarías, tal vez, en el próximo otoño, en los animales que hibernan,
en el cobijo de un buen libro, leído lentamente, saboreando cada palabra, cada coma,
cada signo imprevisto.Hoy no.
No puedes dejar de pensar qué puede Ana pensar de ti.
Pero si te atormentas hoy, tú mismo,
¿qué puede pasar mañana? ¿Verán en tus ojos los demás angustia y desespero?
Por qué vuelves la cebeza? Es que el ayer te incomoda? No mires hacia atrás!
Deja qu los muertos entierren a sus muertos!
Deja que las cosas sigan su curso, a su capricho, culebreando, saltando, cabalgando!
Sólo tenemos esta vida para gastar,
aunque sea una vida de "latas por fuera, y por dentro madera"
Tenemos aun la moneda que Falco gastó, y que gastaremos también.
Pero deja ya de torturarte.
Calla ya tu cerebro, toma un protector estomacal,
un antijaquecoso, salta a la cuerda.
Mañana empieza tu tratamiento de reposo, las pastillas antidepresivas,
y saldremos por las estrelllas tú y yo, tomados de la mano,
para ir de picnic donde haya vacas. Verás, las vacas nos curarán.
Trnquilas y pacientes, sólo fastidian al tambero.
cómo zigzaguea una de sus hojas, buscando el río.
Si fuera otro día, la hoja sería tema de preocupación.
Pensarías, tal vez, en el próximo otoño, en los animales que hibernan,
en el cobijo de un buen libro, leído lentamente, saboreando cada palabra, cada coma,
cada signo imprevisto.Hoy no.
No puedes dejar de pensar qué puede Ana pensar de ti.
Pero si te atormentas hoy, tú mismo,
¿qué puede pasar mañana? ¿Verán en tus ojos los demás angustia y desespero?
Por qué vuelves la cebeza? Es que el ayer te incomoda? No mires hacia atrás!
Deja qu los muertos entierren a sus muertos!
Deja que las cosas sigan su curso, a su capricho, culebreando, saltando, cabalgando!
Sólo tenemos esta vida para gastar,
aunque sea una vida de "latas por fuera, y por dentro madera"
Tenemos aun la moneda que Falco gastó, y que gastaremos también.
Pero deja ya de torturarte.
Calla ya tu cerebro, toma un protector estomacal,
un antijaquecoso, salta a la cuerda.
Mañana empieza tu tratamiento de reposo, las pastillas antidepresivas,
y saldremos por las estrelllas tú y yo, tomados de la mano,
para ir de picnic donde haya vacas. Verás, las vacas nos curarán.
Trnquilas y pacientes, sólo fastidian al tambero.
lunes, 16 de agosto de 2010
Los descensos
Ajena a todo, presa de mis propias traiciones,
el sol no morirá, aunque creo sólo en la nada.
He descreido. He estropeado. No entendí nunca lo que es la vida.
Jamás entendí qué significa Dios de verdad.
Cuánto me parece estúpido hoy,
ya een el camino de regreso, regresar y descender.
Sentir las verdades desnudas apoderándose de a poco
de un cerebro carcomido.
Los alimentos que debo ingerir, los deletéreos venenos que me matan,
dentro de mi entraña se amontonan
y conviven sin ninguna antipatía.
Oí una vez que el suelo
es lo único justo: nos sostiene a todos por igual.
Oí otra vez que somos islitas de principio a fin, pero miembros
indisolubles de una trama desechable, que haces y rehaces una y otra vez
cual Penélope marcada, cansada, furiosa, frustrada, y que teje abigarrada tela
por el día, bajo la luz brillante esperanzada,
mezclando todos los hilos de oro con fibras de arpillera, de junco, de esparto.
Diamantes como carbones, pelas con agatas doradas, inventa flores y retratos, con Ulises siempre en su mente.
De noche la gana el desaliento. Todos estamos solos en la noche,
cubiertos quizá por la misma nube, iluminados quizá por la misma estrella.
"Pero yo te sufrí, rasgué mis venas", yo te dije que el dulce envenenaba,
te dije que no confiaras en el amor,
todo son meras hormonas y sinapsis gloriosas
que un buen día conocen la niebla del olvido.
el sol no morirá, aunque creo sólo en la nada.
He descreido. He estropeado. No entendí nunca lo que es la vida.
Jamás entendí qué significa Dios de verdad.
Cuánto me parece estúpido hoy,
ya een el camino de regreso, regresar y descender.
Sentir las verdades desnudas apoderándose de a poco
de un cerebro carcomido.
Los alimentos que debo ingerir, los deletéreos venenos que me matan,
dentro de mi entraña se amontonan
y conviven sin ninguna antipatía.
Oí una vez que el suelo
es lo único justo: nos sostiene a todos por igual.
Oí otra vez que somos islitas de principio a fin, pero miembros
indisolubles de una trama desechable, que haces y rehaces una y otra vez
cual Penélope marcada, cansada, furiosa, frustrada, y que teje abigarrada tela
por el día, bajo la luz brillante esperanzada,
mezclando todos los hilos de oro con fibras de arpillera, de junco, de esparto.
Diamantes como carbones, pelas con agatas doradas, inventa flores y retratos, con Ulises siempre en su mente.
De noche la gana el desaliento. Todos estamos solos en la noche,
cubiertos quizá por la misma nube, iluminados quizá por la misma estrella.
"Pero yo te sufrí, rasgué mis venas", yo te dije que el dulce envenenaba,
te dije que no confiaras en el amor,
todo son meras hormonas y sinapsis gloriosas
que un buen día conocen la niebla del olvido.
miércoles, 11 de agosto de 2010
El trabajo- Para Estela, con cariño.
hoy es el día del frío de la falsa risa,del mar de espuma que miente
un mar limpio
que miente una carcajada que no siente
hoy es el día de ocultar cada piedra, cada semilla, cada fruto podrido
porque vendrá el invierno y se hace necesario atesorar semillas, suspiros, congojas
para repasar al lado del fuego
los días de hambre
las marcas de las experiencias aun dolientes
sin espacio ni tiempo
situadas solo en un mareo infinito
hoy es el día de las olas divididas
y de cruzar el desierto
como si fuera un enorme jardín
como si fuera la casa de estela
que se hamacará en verano bajo su verde techo
s
s
un mar limpio
que miente una carcajada que no siente
hoy es el día de ocultar cada piedra, cada semilla, cada fruto podrido
porque vendrá el invierno y se hace necesario atesorar semillas, suspiros, congojas
para repasar al lado del fuego
los días de hambre
las marcas de las experiencias aun dolientes
sin espacio ni tiempo
situadas solo en un mareo infinito
hoy es el día de las olas divididas
y de cruzar el desierto
como si fuera un enorme jardín
como si fuera la casa de estela
que se hamacará en verano bajo su verde techo
s
s
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