viernes, 27 de agosto de 2010

Mañanero Miguel compañero. Para mi Miguel Hernández.

Miguel, mañanero, compañero, hoy sí pondría mi corazón
debajo de un zapato. Hoy todo zarpazo será cruel
Y me traicionaría hasta una abeja de miel.
Hoy tus cebollas comería, te las arrancaría de la boca,
hoy no estás en la cárcel, hoy no estás solo, hoy una multitud te repite.
Yo misma daría de comer las cebollas a los niños que te esperan,
aventaría piedras a los toros, no para alejarlos, no, sólo para jugar con ellos.
Cubriría mi cara, mi voz y mi deforme cuerpo
con una espesa capa mortuoria, y tomaría tu lugar,
para que tú volvieras a la luz. Con mi pena flotaría,
como si mi muerte fuera incompatible
con tu lengua caritativa de prisionero y solo.
Hoy mi mente se pierde en un bosque caótico
de recuerdos, de imágenes, de perdones y rencores.
Hoy me he perdido en el tiempo, y creo que también mi cordura.
se ha ido, sola, desvalida, ya cansada de los dolores.
Compréndeme, Miguel, solo a ti puedo decirlo, compañero.
Ya llegaré, en muy poco tiempo, llegaré.

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