lunes, 23 de agosto de 2010

Otra soledad

No se me ocurre que haya todo terminado, ya,
como un árbol querido que ahora se quema en el hogar.
No se me ocurre que éste sea el final,
que una simple ceremonia de silencio y de llovizna,
ante una gran cantidad de paredes con cuencos de muerte,
indique que es un punto muerto, un callejón ciego, una trampa ya cerrada.
Si estamos aquí, precisamente aquí, tantos desconocidos,
¿cómo todos pudimos ser sus amigos?
¿Es que alguien ha quedado en algún sitio escondido?
¿Esa persona equivocó la dirección? ¿Está en otra parte?
Sí, entre las ramas, respiro de nuevo la soledad, entre las ramas
desnudas de este invierno inclemente. Por última vez, adiós.

No hay comentarios:

Publicar un comentario