A Orlando Gadea Aramburu, amigo y colega de tantos años, que ha perdido a su madre.
En la neblina negra del dolor
no te quedes mucho tiempo.
Mira a tu alrededor, mira y toca lo que te recuerda
a tu madre: ella está ahí.
Creo en pocas cosas, pero no tengo dudas
de la inmortalidad del alma.
No quedará la materia, en apariencia, pero no olvides
que materia es palabra hija de mater, de madre.
En cada brizna de hierba, en cada mota de polvo,
en cada rumor de hojas movidas por la brisa de la tarde,
ella estará cerca de ti. Te está acompañando en tus clases,
te sigue mirando cuando doblas la esquina, ella está cerca de ti.
Acepta que no volverá de la misma forma, por ahora, pero cree
con todo tu coraje, que se esforzó por estar contigo.
Y su alma impalpable te protegerá.
Los recuerdos que guardamos de los que se nos han ido
son nuestro aliento a la vida eterna.
No te importen los que no conocen el dolor
y suelen reír de los que lloramos. Habla con ella.
Está esperando el diálogo de todos los días, al final del trabajo.
Mis padres se fueron hace mucho tiempo, pero es a ellos a quienes dedico
mis espaciadas oraciones.
Orlando amigo, mira adelante. Tu nobleza de corazón
te ayudará a seguir adelante. No estás solo. Mira adelante
aunque el pasado es lo único que existe
a veces el remedio es el olvido
para ocuparnos de las urgencias del hoy y del mañana.
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