Las tormentas han emigrado,
los pájaros azules han vuelto
a dar vueltas en el jardín.
Picotean, buscan agua, y,
escondidos entre enredaderas,
tejen sus nidos con dedos de artesanos,
de artesanos expertos, de padres ansiosos.
El día va haciéndose largo.
Y de noche, la luna brilla desafiante
como si sólo nosotros cometiéramos errores.
Baja, oh luna, conversa conmigo!
Sólo tengo seis años, y aun no he llorado.
Las tormentas volverán,
volverá el frío,
pero este verano
tendrás agua y centeno,
tendrás alpiste y maíz.
Animales del bosque,
hurañas criaturas que volveréis a verme.
Yo os miraré también,
henchida de alegría
bajo una glicina gigantesca.
http://tengomiedoaperdertusojos.blogspot.com/ La autora busca editar sus reflexiones, poemas, algunos cuentos. Su contenido es en cierto modo filosófico, no hay referencias a otros temas que no sean los fundamentos de la vida.
jueves, 16 de junio de 2011
sábado, 4 de junio de 2011
Ya no importa
El fuego apagado, la pared oscura,
el hogar renegrido,
el frío, el frío, el frío. Ya no río
ni lloro. Sólo sé que ya no importa
lo que dije, lo que dijiste.
Fue todo un sueño amargo,
un trago de cianuro con vino,
una lámpara más apagada en mi corazón.
Si es que lo tengo aun. Si es que tiene corazón
el ser humano,
el más excecrable, el más sublime de todas las criaturas.
El viento sopla fuera, el viento norte,
el viento húmedo y caliente
que altera a los que ya estamos ya alterados.
Dentro, mi cara congelada, mis dedos temblones,
no pueden ya dar más la vuelta a la página que leo.
Es la última página de tu libro.
Pero ya lo dije.
Ya nada me importa.
u
el hogar renegrido,
el frío, el frío, el frío. Ya no río
ni lloro. Sólo sé que ya no importa
lo que dije, lo que dijiste.
Fue todo un sueño amargo,
un trago de cianuro con vino,
una lámpara más apagada en mi corazón.
Si es que lo tengo aun. Si es que tiene corazón
el ser humano,
el más excecrable, el más sublime de todas las criaturas.
El viento sopla fuera, el viento norte,
el viento húmedo y caliente
que altera a los que ya estamos ya alterados.
Dentro, mi cara congelada, mis dedos temblones,
no pueden ya dar más la vuelta a la página que leo.
Es la última página de tu libro.
Pero ya lo dije.
Ya nada me importa.
u
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