El fuego apagado, la pared oscura,
el hogar renegrido,
el frío, el frío, el frío. Ya no río
ni lloro. Sólo sé que ya no importa
lo que dije, lo que dijiste.
Fue todo un sueño amargo,
un trago de cianuro con vino,
una lámpara más apagada en mi corazón.
Si es que lo tengo aun. Si es que tiene corazón
el ser humano,
el más excecrable, el más sublime de todas las criaturas.
El viento sopla fuera, el viento norte,
el viento húmedo y caliente
que altera a los que ya estamos ya alterados.
Dentro, mi cara congelada, mis dedos temblones,
no pueden ya dar más la vuelta a la página que leo.
Es la última página de tu libro.
Pero ya lo dije.
Ya nada me importa.
u
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