jueves, 20 de octubre de 2011

Yerto cuerpo

Fuí expulsada del cuerpo
me arrancaron la cara
no sé ya quién soy
perdí el sentimiento
han quitado el suelo de mis pies
no tengo aire
no tengo ideas
ellas vienen de fuera
se apropian de este espantajo
que ahora es mi yo.
Sí sé que caigo.
Sí sé que la locura me arrebata
que el error y el delirio
me quitan el mundo.
Me lanzo al vacío
aun paralizada
como perro sin destino.
Toqué lo infinito
sin embargo
es lo irreal lo que tira de mis manos
lo que me arrastra hacia el río.
No tengo morada
mi hogar es la nada.
El mundo anterior es un sueño
un cuadro que miro colgado
de una pared manchada y vacía.

El tiempo uno.

El tiempo, el tiempo,
me bebe la vida
me roe la carne
me arrastra hacia el río
derrama mi sangre
me empuja al vacío.
No tengo nada en las manos,
no tengo más que frente marchita,
ojos cegados
cejas muy juntas
que enojan al ave
al ave azulada
que llevo conmigo.
El tiempo, el tiempo,
cómo consigo advertirte
que me dejes en paz
que ya no te metas conmigo.
Déjame entrar en el río,
deja que arranque las lágrimas
de este árbol baldío
como la tierra
después de la guerra.

Noche desolada.

Noche, ya me voy.
El álamo dorado
me hace sentir
perenne .la tarde,
agrisadas las sombras,
agotada en lo que soy.
Mira la luna.
Avanza apenas
ciega y brillante.
¡El amor la ha hecho sufrir tanto!
Tantos cantos renegridos,
más solitarios que la noche,
la fragua incandescente
en la que calmaron su pena
tantos amantes perseguidos.
Noche, que yo me marcho.
Quédate tú con la mañana,
con las luces que no dañan,
con las hiedras azules y rosas,
con los jazmines blancos y amarillos.
Noche, aparta el llanto.
Hace frío. Clamo por un manto.