domingo, 21 de marzo de 2010

Almendro en flor

La poesía sale del mismo tronco que las entrañas más profundas y sangrientas
de cada uno.
La poesía busca lo más austero y puro de nuestro ser,
es una roca en el corazón tembloroso y sangriento.
Cura las heridas supuradas, toma tus manos
hasta llegar a las tripas doloridas y sufrientes,
aliviando tus dolores.
No elimina el mal, sólo te fortalece contra él.
No te da la felicidad, sí la seguridad que ella vendrá
y la melancolía de cuando la viviste.
La poesía es cruel y no le teme a la sangre que derrama
porque aunque te revuelve las entrañas
no te abandona ni te engaña.
Te da la verdad como un regalo: la única verdad, que es la tuya,
la mía, la de Federico y la de Antonio, la de Teresa, Miguel y Rafael,
la de Delmira y la de Circe, la de Lope y la de Gala.
Son todas verdades de una misma raza,
las verdades que la aritmética pone en álgebra,
traduciendo así la simple suma en una fórmula general.
Y te acompaña hasta la muerte, cuando alguien recuerde
al rey David y su salmo, y te diga que no temes, que alguien te acompaña.

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