miércoles, 10 de marzo de 2010

las colinas doradas

los sauces a la vera del camino que lleva al rio

y las solemnes tortugas

invisibles entre las piedras negras,

todo el cielo reflejado en el agua,

toda mi triste e inútil vida arrinconada en arcilla,

en arena ya desvencijada y podrida,

pronta a volverse polvo,

polvo y agua,

polvo y aire,

agujero enorme, torbellino violento de la vida que se va,

sin un adiós razonable

polvo y arcilla,

arcilla y cenizas.

Veré quizá las colinas doradas,

y las palmeras de plata,

una playa de fino polvo verde,

veinte mil caballos pastando

en las colinas doradas,

em tajamares azules bebiendo,

y los veré restregar sus cabezas,

yegya y potrillo.

haciendo risa de la muerte y del olvido.

Ah doradas colinas doradas,

pastos verdes de esta tierra cortés.

Escucha los ladridos de los perros,

a lo lejos, a lo lejos.

Todavía no te vayas. Falta que florezcan las glicinas.

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