He mirado los árboles.
Pequeños capullos son los brotes nuevos,
que serán ramas,
como otros botonos sonrosados, blancos, amarillos,
que serán flores,
para luego ser frutos.
A pesar de esas señales prometedoras
el cielo está gris
gris como me siento
gris como un muerto
por eso tal vez
la primavera es obscena.
No son mis palabras.
Fue T.S. Eliot quien lo dijo.
No exactamente así, pero lo dijo.
Se acerca este tiempo y no puedo apenas soportar
como la vida se me echa encima
como pretende publicitarse
como quien vende una casa
un auto, una lavadora.
Ella misma es su agente de publicidad
y eso me repugna.
¿Por qué solo asociamos felicidad con la primavera?
¿Porque todo parecía muerto y resucitó?
No las plantas que yo amaba y el invierno congeló.
No las que un seco otoño dejó como mártires
grises y arrugadas
en una maceta.
El logo promotor de este tiempo
debiera ser el trabajo,
la mejor condena que hemos recibido.
El saber fue también un castigo,
pero expulsarnos del Edén de eterna primavera
era un castigo que, sin saberlo el Inasible,
se transformó en recompensa.
El premio es el trabajo.
El premio es poder trabajar.
Lástima que ya somos incapaces de movernos
y de andar,
cuando advertimos esta simpleza tan obvia
como la ortiga
que crece entre otras hierbas, nunca inútiles,
sólo sin conciencia.
http://tengomiedoaperdertusojos.blogspot.com/ La autora busca editar sus reflexiones, poemas, algunos cuentos. Su contenido es en cierto modo filosófico, no hay referencias a otros temas que no sean los fundamentos de la vida.
lunes, 20 de septiembre de 2010
miércoles, 15 de septiembre de 2010
Piedras preciosas
El cielo es un zafiro multicolor
y reluciente
Una amatista,
una turquesa deslumbrante.
Las lluvias han lavado las ciudades
y los cielos,
y los edificios limpios parecen de cristal.
La tierra entera es un templo colosal
al que pronto diremos adiós
mas no sin reparar
repasando y repasando
los arroyos azules y negros
los senderos cubiertos de musgo.
Arrepentidos de los males que hicimos,
de los errores que cometimos y volvimos a cometer.
Somos ovejas descarriadas
que siempre te buscarán,
aunque Inasible no nos respeta
porque no bebe "el vino de las tabernas".
Volveremos a beber, de cualquier modo,
luego de recorrer esos caminos,
y las colinas azules y doradas
nos conduciran a las nubes neblinosas
con olor a pino, con sabor a rosas.
Llegarán arriba los helicópteros de los arces,
las atrevidas semillas que vuelan por doquier.
De niños construíamos canoas y remos,
también juguetes,
para divertirnos al viajar.
Semilla que vuela como ave, ven con nosotros a beber.
y reluciente
Una amatista,
una turquesa deslumbrante.
Las lluvias han lavado las ciudades
y los cielos,
y los edificios limpios parecen de cristal.
La tierra entera es un templo colosal
al que pronto diremos adiós
mas no sin reparar
repasando y repasando
los arroyos azules y negros
los senderos cubiertos de musgo.
Arrepentidos de los males que hicimos,
de los errores que cometimos y volvimos a cometer.
Somos ovejas descarriadas
que siempre te buscarán,
aunque Inasible no nos respeta
porque no bebe "el vino de las tabernas".
Volveremos a beber, de cualquier modo,
luego de recorrer esos caminos,
y las colinas azules y doradas
nos conduciran a las nubes neblinosas
con olor a pino, con sabor a rosas.
Llegarán arriba los helicópteros de los arces,
las atrevidas semillas que vuelan por doquier.
De niños construíamos canoas y remos,
también juguetes,
para divertirnos al viajar.
Semilla que vuela como ave, ven con nosotros a beber.
sábado, 11 de septiembre de 2010
Almendro en flor en otoño.
La poesía sale del mismo tronco que las entrañas
más profundas y sangrientas
de cada uno.
La poesía busca lo más austero y puro
de nuestro ser,
es una roca en el corazón
tembloroso y sangriento.
Cura las heridas supuradas,
toma tus manos como ortigas
hasta llegar a las tripas doloridas
y sufrientes, aliviando tus dolores
sin eliminar los males:
sólo tú quedas más fuerte.
Y la felicidad que no te da, es fortaleza,
es felicidad, en la que la felicidad vendrá,
nunca de fuera. Olvidemos el mundo y sus fantasmas,
olvidemos las pasiones y sus fuegos fundidos,
derretidos, como pájaros de muerte en las manos.
La melancolía guarda las cenizas, las entibia, te besa
como besas la frente del muerto cubierta con un tul.
La poesía es cruel y no le teme a la sangre que derrama,
porque aunque te revuelve las entrañas
no te abandona ni te engaña.
Te da la verdad como un regalo:
la única verdad, que es la tuya, la mía,
la de Federico y la de Antonio,
la de Teresa, Miguel y Rafael,
la de Delmira y la de Cirse,
la de Lope, la de Juana y la de Gala.
Son todas verdades de una misma raza,
las verdades que la aritmética pone en álgebra,
traduciendo así una simple suma
en fórmula general.
Y te acompaña hasta la muerte, cuando alguien
invoca al rey David y a su canción
y te dice no temas, que alguien te acompaña.
más profundas y sangrientas
de cada uno.
La poesía busca lo más austero y puro
de nuestro ser,
es una roca en el corazón
tembloroso y sangriento.
Cura las heridas supuradas,
toma tus manos como ortigas
hasta llegar a las tripas doloridas
y sufrientes, aliviando tus dolores
sin eliminar los males:
sólo tú quedas más fuerte.
Y la felicidad que no te da, es fortaleza,
es felicidad, en la que la felicidad vendrá,
nunca de fuera. Olvidemos el mundo y sus fantasmas,
olvidemos las pasiones y sus fuegos fundidos,
derretidos, como pájaros de muerte en las manos.
La melancolía guarda las cenizas, las entibia, te besa
como besas la frente del muerto cubierta con un tul.
La poesía es cruel y no le teme a la sangre que derrama,
porque aunque te revuelve las entrañas
no te abandona ni te engaña.
Te da la verdad como un regalo:
la única verdad, que es la tuya, la mía,
la de Federico y la de Antonio,
la de Teresa, Miguel y Rafael,
la de Delmira y la de Cirse,
la de Lope, la de Juana y la de Gala.
Son todas verdades de una misma raza,
las verdades que la aritmética pone en álgebra,
traduciendo así una simple suma
en fórmula general.
Y te acompaña hasta la muerte, cuando alguien
invoca al rey David y a su canción
y te dice no temas, que alguien te acompaña.
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