Las dos veces
que Emily vio el abismo
no cayó en él
apenas lo vio
una luz creciente la deslumbró.
Siguió su camino
envejeciendo,
con los bolsillos de su delantal
llenos de luces de colores,
de cantos de caridad
de consuelos a los desolados.
La única vez que veo mi abismo
he quedado congelada
el fuego no me ha tocado
el tiempo se ha detenido.
No tengo en mi bolsillo
ni un sencillo pañuelo.
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