Montañas, álamos, sauces, hayas, arces, ríos
y más ríos de árboles que corren paralelos
a las vueltas y contramarchas que el río caprichoso
va marcando. La montaña se precia de su altura,
esconde aves rapaces, depredadores múltiples,
pobres polluelos hambrientos,
felices felinos de dibujado pelaje.
Mira a lo lejos, no te vuelvas más atrás,
mira a lo lejos, como si fueras un cuervo
que busca atrapar una lombriz.
Cierra tus alas negras, esconde tu dulzura,
deshazte en llanto si quieres,
pero no muestres tu amargura.
Tú no te merecías eso. Pero,
¿quién merece la injusticia o el dolor?
Si son malos, no, puesto que esto es bueno
para ellos.
El desgarro del corazón solo es un simple
hecho más, de una vida signada por la ignorancia y la mortalidad.
Mira las montañas. Mira hacia más allá.
No regreses nunca a este infierno
propio del género humano,
de fieras y pedazos de personas,
de miles de satélites que te miran,
y nos miran
para asegurarse de nuestra soledad.

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