martes, 19 de febrero de 2013

Agonía prestada





No tengo corazón, lo tenía prestado
y lo he perdido
ahora estoy en agonía
muerta entre begonias y azucenas.
Vivir es la locura,
comprender a los otros un atentado
a nuestra propia cordura
y amarlos aun más
más que un asesinato a sangre fría.
Pensé que ponía fin a este desatino
sin desafiar al destino
al único solitario e inocente
de este desvarío.
El timbre de un teléfono
saca de mí un ronquido,
un aullido de dolor sin sonido,
una amenaza más, un temblor añadido
al miedo ya vivido.
Ya no tengo corazón.
Lo he perdido.
Era prestado
y no sé qué excusa decir
excepto que importa o no vivir
con un corazón sin sufrir.

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