sábado, 17 de julio de 2010

Soledad

La sangre no corría, sólo se revolvía, en el mover terrorífico
de la huída, de la herida, de la soledad, sola, sola, perseguida cada día.
Un vendaval de sangre fue tu vida, y tu muerte fue sangre en avalancha.
Quíteme alguien este cerebro, estas vísceras arránquenme,
estos ojos, dados vuelta, ved en qué mal estado están, tiradlos.
Pero no me quitéis este muerto, que es mío y conmigo llevaré.
Bajo cipreses aguantaremos el invierno,
en el verano conversaremos como amigos.. Que está mal vista la tristeza,
que la depresión tiene muy mala reputación.
Tú te la escondiste. ¿Por qué? porque tuviste vergüenza de reconocer lo inane,
la inapelabilidad injusta de esta vida para nada. Tú marcaste otras vidas,
tu muerte apartó de ellas para siempre la alegría inocente, la indiferente cara de la suerte.

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