Voy caminando, sin historia, la cabeza dolorida, la ropa desgarrada, descalzas mis plantas.
Lechuzas y leopardos, jirafas y chacales, voraces, se han llevado mi historia
y me quedo sola con mis sueños.
Anochece y siento frío. El agua murmura muy cerca.
Los crujidos de las ramas, los sonidos de animales invisibles,
me acosan, me dan miedo. He perdido mis sentidos. El hambre me marea.
Apenas me arrastro, piedras y espinas lastiman mis pies.
No busco la nube de tormenta, ni la del frío, ni la de la lluvia.
Sólo camino, me detengo, camino, me arrastro, miro todas las cosas,
las hierbas desconocidas que la oscuridad creciente hace más temibles,
las arañas de increíble destreza, las hormigas apuradas, urgidas, vigiladas las unas por las otras.
En la oscuridad crueldad y belleza conviven.
En estos arenales azules, en esta luna verde, en este momento final de la risa y del llanto.
Volveré como mota de polvo, espiaré los lagartos, cómo crecen las hierbas,
cómo envejecen los árboles.
Seré un pedacito más de montaña o de río, de espinillo o carqueja.
Abrazaré el invierno, dormiré el verano. Ya todo acabó, y la brisa tibia desaparece.
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