La naturaleza ha enfurecido,
ha decidido que no hay curanderos
para sanar esta raza malvada.
El mal es el bien, el bien, el mal.
No hay un valor que justifique su valor.
No hay llanto de niño ni alarido de mujer
que haga caritativo estos amos, estos señores.
Aun así, el color, el perfume, los pequeños brotes,
las flores y los frutos
son el gran regalo, el gran premio.
Los animales se deslizan en la noche,
reposan al sol,
suspiran mimosos, cantan como músicos exquisitos.
Y a veces llueve suavemente, sopla una brisa, sonríe un anciano,
y apreciamos amargados lo que hemos hechol
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