Relámpagos recorrían la noche.
Sin saber de dónde
sentía música siniestra
si es que puede la música llegar a serlo.
O solo anuncia que alguien siente miedo.
No he acabado de ser.
La traición y la ira que he tragado
han dejado un soplo amargo
y mi propia sombra quisiera esfumarse.
Sé fuerte, me digo. No te rindas ahora.
Las azucenas blancas han dado nuevos bulbos.
Esta vez los encontré en plantas ya secas.
Y se va el verano. Con un pedazo de mi yo,
con las flores azules y los colibríes
y las caléndulas.
Pronto la lluvia limpiará el aire.
Pronto la lluvia será la serenidad , el equilibrio, y la belleza para siempre.
El sabor amargo de mi boca es esta despedida.
Después de una larga separación, una eterna despedida.
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