Soy dos y no soy dos.
soy el soplo vital
el que soy en esencia,
el que subsiste en mí,
el espíritu de lo que vive y de lo que no vive.
Abandono esta dualidad en el suspiro final.
Todo se desvanece.
Hay un torbellino del ser y la nada
que me eleva al cielo,
me arrastra al infierno.
Y con el ser absoluto me disuelvo.
Soy dos y no soy dos.
Soy dos y siempre seré uno e infinito.
Tenue, fundido en todo y con todo
la separación definitiva
no significa el fin definitivo.
Hay en la tierra y en las cosas
una fuerza inconcebible.
El ansia de persistir.
Aunque mendigue mi comida
mi poder sale de mí,
del ser íntimo de lo que vive y lo que muere,
del abandono de la vanidad,
del desprecio de la ambición.
No conozco la cólera,
me ha abandonado el deseo de vivir.
Sí quiero persistir,
durar por siempre
entre los árboles y las nubes.
Ese poder, ese querer,
es lo más sublime que tengo para dar.
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