La casa de María quedaba muy lejos de la nestra.
Pero todos los años, llegada la hora de las semillas,
íbamos con mamá, y los hermanos más chicos,
a obtener semillas.
Mamá plantaba las semillas en un almácigo,
luego las transplantaba dentro de tarritos que compraba
a los señores que recogían la basura,
o a quien quisiera venderle o darle.
Una vez las plantas estaban altas, setenta centímetros
aproximadamente,
mamá las vendía
a señores que tuvieran campo y quisieran abrigo para sus animales.
El eucalipto crece rápido, tiene sus ventajas para el hombre de campo.
No así para los modernos ecólogos, que saben tanto,
y lamentan que consuma tanta agua.
Esa agua la subíamos de un balde de pozo,
que tenía una cadena, y una roldana.
La cadena, después de días de trabajar en sacar agua,
nos dejaba las manos con una gruesa capa encallecida.
El óxido nos manchaba las unas, y las manos.
Después de regar, nos apurábamos a ir al cine.
Recuerdo un ciclo de películas rusas que pasaron en Cine Club.
Vuelan las grullas, Ivan el terrible, el acorazado Potiomkin.....
No entrecomillo `porque no estoy segura que los títulos fueran exactos.
Recuerdo en especial el 41. La película me había parecido excelente,
y el actor principal era muy atractivo.
Esas horas eran las horas posteriores al estudio,
pues estábamos haciendo la enseñanza media y teníamos
que preparar exámenes.
Nos levantábamos a las 4 de la madrugada. Tomábamos mate.
Mi hermana pequeña y yo estudiábamos juntas. Ella se distraía,
porque tenía tanto sueño que no podía juntar dos ideas.
Yo era la encargada de explicarle.
Cuántas veces me repitió que bien explicaba yo!!!
Cuando llegaba el otoño y el principio del invierno,
los chacreros iban a casa a comprar los eucaliptus.
Mamá siempre les encargaba los tarros de vuelta.
Y muchos se los traían.
Mamá se había criado en el campo.
Se llevaba muy bien con la gente sencilla.
En realidad, se llevaba bien con todo el mundo.
Le gustaba mucho leer, igual que a mi abuela Judith.
Mamá, como Ricardo, como yo, fuimos, o somos aun, los solitarios.
Sin embargo, mamá visitaba amigas, y a ella la visitaban.
Yo en cambio, detesto salir y detesto que me telefoneen o que vengan a verme.
Pero mamá era toda una dama, aunque sus manos revelaran la vida
de intenso trabajo que había llevado.
Me alegro mucho cada vez que recuerdo que mi padre la quería mucho.
Le había regalado un libro, siendo novios, y se lo había dedicado"A mi amada Sofía"-
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