Sentimientos inútiles,
malignos, estériles.
No hay santa ira,
no hay venganza que se justifique.
Sólo hechos humanos inciertos,
complicados, intrincados, involuntarios,
equivocados, frutos de la ignorancia
y de la tercera bruja, la envidia.
No pierdas tiempo en enojarte,
la ira, como el miedo, magnifican
el mal, eternizan el sufrimiento.
Vete a dar un paseo, dale un caramelo a un niño,
y una lección sobre cómo cuidarse los dientes.
No seas indiferente, pero no te contamines
con la maldad, no la dejes entrar en tu corazón.
Si todo es inútil, si nuestra vida es el juego del poderoso,
la risa del imbécil que nos puso sobre esta hermosa tierra,
no para disfrutarla, sino para ser rencorosos.
Defraudémosle, pues, y miremos el bello tercer planeta,
las flores, los frutos, los animales,
los niños, los viejos, que han vivido tanto,
y te dirán lo mismo que yo.
Vive y deja vivir.
Busca un árbol milenario.
Adora al árbol milenario.
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