Soy la tierra.
A la tierra estoy pegada.
Es la tierra lo que como,
es la tierra lo que alimento.
Mis manos aferran ortigas
con la voluintad expresa
de sentir así la tierra.
Mística tierra. Salvia y menta,
naranja y tomillo,
cebolla y alhucema.
Mastico la tierra con amor sagrado.
Siento que crece dentro de mí
y yo crezco con ella.
Las espinas de las rosas no me pinchan. Las aprieto
como a la ortiga, para sentir la tierra en derredor.
En el perfume de las rosas y de los jazmines,
flores que son frutos, frutos que son tierra.
Y si hay un sólo Dios verdadero
no miles de imagenes y metáforas
sólo necesarias para seguir adelante,
si hay uno sólo, verdadero y necesario,
está unido con la tierra.
Dios es el espíritu libre, es la tierra y cada alma
que sufre y lucha cada día.
Otra idea es sólo consuelo,
otra cosa es sólo sueños.
Mi cuerpo acaule está contra la tierra.
Pasará a ser ácido o alcalino, metal o mineral,
polvo en fin
y fertilizará la tierra, y mis muertos olerán
el aroma acre de lo que fue mi cuerpo.
Tierra es alma libre, espejo reluciente,
Dios activo y tolerante, y amigo sincero.
Adorado, Invisible, Inasible, Gran Fraude,
son sólo mis nombres
para los que han sido creados como negocio,
para separar bien y mal,
como si el hombre supiera de verdad algo de algo.
Y ésta es mi última palabra.
Porque de verdad, me gusta demasiado
hacer bromas sin sentido.
Esta no lo es. Es mi tiempo Uno en la Tierra.
Por que el verdadero es Uno,
y me espera.
http://tengomiedoaperdertusojos.blogspot.com/ La autora busca editar sus reflexiones, poemas, algunos cuentos. Su contenido es en cierto modo filosófico, no hay referencias a otros temas que no sean los fundamentos de la vida.
domingo, 10 de octubre de 2010
domingo, 3 de octubre de 2010
Arrugas
Adorado hizo y rehizo y arrugó varias veces su plan;
el tiempo, la palabra, la justicia y la libertad
quedaron entre los pliegues del último proyecto rechazado.
El tiempo es la primera arruga, la primera grieta oscura
en el papel hecho bola y tirado a la basura.
Plan estúpido, cruel, incompleto, ininteligible.
Los enigmas de la palabra, de la justicia y de la libertad
nos acosan todos los días.
Pasamos por encima del tiempo
porque creemos que los relojes son la solución,
porque nadie ha visto esqueletos de ballenas
debajo de la superficie del Sahara,
ni los huesos humanos esparcidos
entre conchas marinas,
entre restos fósiles de especies variadas,
manos humanas grabadas en paredes
de profundas cavernas
porque hubo bosques y selvas, ríos y lagos
donde hoy sólo hay dunas y mares de arena.
Decenas de metros debajo están las pruebas
que el Inasible nos robó el tiempo.
Terremotos, meteoritos, vendavales,
pudieron canbiar el clima hace más de diez mil años.
Preguntaos si el Invisible puede robarnos el tiempo.
Si puede engañarnos haciéndonos creer que veinte mil años
son la misma cosa que tres o cuatro meses.
Preguntadle al Gran Farsante
por qué pretende que creamos
en un mundo hecho en pocos días
-está bien si es una metáfora-
pero nos enmarcó en un mundo de fantasía
en el que sólo morimos después de atisbar los falsos guías.
Nos robó el tiempo, el Gran Simulador,
no sabemos qué es el tiempo,
ni si se nos escapa o nos escapamos,
si nos rodea y aprisiona
o nos libera y nos hace volar.
Tal vez es una espiral gigantesca y morosa
hecha de nubes y luna, de agua y de sol,
que lleva solamente estrellas y rosas,
que huyen de un escorpión.
el tiempo, la palabra, la justicia y la libertad
quedaron entre los pliegues del último proyecto rechazado.
El tiempo es la primera arruga, la primera grieta oscura
en el papel hecho bola y tirado a la basura.
Plan estúpido, cruel, incompleto, ininteligible.
Los enigmas de la palabra, de la justicia y de la libertad
nos acosan todos los días.
Pasamos por encima del tiempo
porque creemos que los relojes son la solución,
porque nadie ha visto esqueletos de ballenas
debajo de la superficie del Sahara,
ni los huesos humanos esparcidos
entre conchas marinas,
entre restos fósiles de especies variadas,
manos humanas grabadas en paredes
de profundas cavernas
porque hubo bosques y selvas, ríos y lagos
donde hoy sólo hay dunas y mares de arena.
Decenas de metros debajo están las pruebas
que el Inasible nos robó el tiempo.
Terremotos, meteoritos, vendavales,
pudieron canbiar el clima hace más de diez mil años.
Preguntaos si el Invisible puede robarnos el tiempo.
Si puede engañarnos haciéndonos creer que veinte mil años
son la misma cosa que tres o cuatro meses.
Preguntadle al Gran Farsante
por qué pretende que creamos
en un mundo hecho en pocos días
-está bien si es una metáfora-
pero nos enmarcó en un mundo de fantasía
en el que sólo morimos después de atisbar los falsos guías.
Nos robó el tiempo, el Gran Simulador,
no sabemos qué es el tiempo,
ni si se nos escapa o nos escapamos,
si nos rodea y aprisiona
o nos libera y nos hace volar.
Tal vez es una espiral gigantesca y morosa
hecha de nubes y luna, de agua y de sol,
que lleva solamente estrellas y rosas,
que huyen de un escorpión.
sábado, 2 de octubre de 2010
Sola y mis entrañas.
Indiferencia maquillada de tolerancia,
soledad disfrazada de cariño,
angustia escondida tras pastillas.
No sé vivir. No aprendí a reír a carcajadas
sinceramente feliz de mis caídas.
Hice de mí un payaso que finge soberbia y seriedad
cada vez que cae y no puede levantarse.
Dormí al sereno, en las noches de verano,
en el patio de la casa paterna.
Perder la capacidad de creer,
de creer sin pruebas y sin memoria,
es la tortura que el Inasible tejió y decoró para nosotros.
Por más irracional que sea
la fe es necesaria,
y a mí se me escapó como un puñado de mariposas.
Ligeras, hermosas,
volaron lejos
hacia una tarde de invierno,
hacia otra noche de verano.
soledad disfrazada de cariño,
angustia escondida tras pastillas.
No sé vivir. No aprendí a reír a carcajadas
sinceramente feliz de mis caídas.
Hice de mí un payaso que finge soberbia y seriedad
cada vez que cae y no puede levantarse.
Dormí al sereno, en las noches de verano,
en el patio de la casa paterna.
Perder la capacidad de creer,
de creer sin pruebas y sin memoria,
es la tortura que el Inasible tejió y decoró para nosotros.
Por más irracional que sea
la fe es necesaria,
y a mí se me escapó como un puñado de mariposas.
Ligeras, hermosas,
volaron lejos
hacia una tarde de invierno,
hacia otra noche de verano.
No soy quien ves
No soy quien ves,
no soy un ser humano.
Soy un árbol, un árbol que da sombras y naranjas,
soy un árbol cualquiera,
pero un árbol que crece por debajo.
Necesito el agua,
y el agua corre por mis hojas.
Necesito niños, y ellos trepan por mis ramas.
Necesito algo de tiempo, y sé que podré otro poco.
Dadme paciencia, dadme silencio, dadme paz,
yo que he dado todo, que ya no tengo nada,
que voy sola por esta senda
que otros llaman vida,
desconocida por todos, como si no tuviera a nadie,
porque nací de una semilla.
Es que así es. No tengo a nadie, no tengo nada.
Eso no es malo. Lo peor es que no necesito nada.
Sólo un poquito más de tiempo.
Dejadme un poco más, para ver mis hijos y mis nietos.
¿Por qué tan arbitrarias reglas?
¿Por qué tanto maltrato
a niños deformados
que ni huesos podrán ya hacer,
ni terminar de fabricar sus cuerpos?
Cuántos morirán antes que yo?
¿Uno cada nueve segundos?
Antes de poder jugar a la pelota,
antes de saber leer y escribir,
ellos se irán, locos de espanto, a gritar por la galaxia,
qué malos y estúpidos somos los humanos.
Por ellos volveré a ser un árbol, ginko, grevillea, naranjo,
manzano o matorral de moras.
No me digas qué ni quién soy.
Soy un asqueroso ser humano.
no soy un ser humano.
Soy un árbol, un árbol que da sombras y naranjas,
soy un árbol cualquiera,
pero un árbol que crece por debajo.
Necesito el agua,
y el agua corre por mis hojas.
Necesito niños, y ellos trepan por mis ramas.
Necesito algo de tiempo, y sé que podré otro poco.
Dadme paciencia, dadme silencio, dadme paz,
yo que he dado todo, que ya no tengo nada,
que voy sola por esta senda
que otros llaman vida,
desconocida por todos, como si no tuviera a nadie,
porque nací de una semilla.
Es que así es. No tengo a nadie, no tengo nada.
Eso no es malo. Lo peor es que no necesito nada.
Sólo un poquito más de tiempo.
Dejadme un poco más, para ver mis hijos y mis nietos.
¿Por qué tan arbitrarias reglas?
¿Por qué tanto maltrato
a niños deformados
que ni huesos podrán ya hacer,
ni terminar de fabricar sus cuerpos?
Cuántos morirán antes que yo?
¿Uno cada nueve segundos?
Antes de poder jugar a la pelota,
antes de saber leer y escribir,
ellos se irán, locos de espanto, a gritar por la galaxia,
qué malos y estúpidos somos los humanos.
Por ellos volveré a ser un árbol, ginko, grevillea, naranjo,
manzano o matorral de moras.
No me digas qué ni quién soy.
Soy un asqueroso ser humano.
Temblar de miedo.
Iré al país sin nombre.
Iré a la ciudad en la que me siento libre,
en la que mis demonios expulsan la noche
donde hablan sin saber muy bien lo que dicen,
un goajed en una cola, cuando a alguien le urge el tiempo.
Pero el tiempo no me persigue.
Me dicen que tengo que matarlo.
No son mis demonios los que hablan.
Ellos sólo me torturan,
y aunque ya no conozco rencores ni profundos dolores
son ellos los que mandan en estos cueros arrugados,
en estos huesos quebradizos.
Amo esa ciudad por la que he llorado como por una hija,
amo esa gente feliz que ha sido tan cruel,
amo a cinco seres que respiran ese aire,
y pueden aun dormir con puertas y ventanas abiertas.
Volaré un día a lo alto de una montaña.
Como una águila reina, vigilaré un ratonzuelo
royendo una bellota, una nuez, una mora.
Le espiaré soberbia, generosa en mi poder,
ansiosa de decirle
Puedo matarte, pero no quiero.
Tú, tú, haz lo que quieras.
Tienes tanto derecho a vivir como yo,
como yo a morir, de tanto masticar y masticar
mis demonios insidiosos, crueles, fastidiosos.
Los que con toda mi fuerza resisto
porque no son malos.
Sólo son el resto de mi infancia,
los miedos que me dejó la indiferencia,
la soledad que me quedó del desafecto.
Me quedaré muy quieta, sentada sobre
varias cajas de cartón.
Lloverá en Manhattan.
El teatro dejará salir fuera algo de su música.
Y me dormiré entre olor a orines y suciedades,
feliz de estar dormida para siempre,
acunando mi primera nieta americana,
en sueños, feliz de no tener que caminar sobre esa nieve sucia
y pisoteada, dura como el hielo, resbaladiza y negra.
No querré ir, creo. Estoy segura que a último momento
gritaré como loca, como cobarde enloquecida,
no me dejes, Señor, llévame al parque!y como cenicienta, toda cambiaré. La alegría,
la juventud, la curiosidad, el amor a todos,
me agarrarán por los pies y no podré nunca más volar.
Iré a la ciudad en la que me siento libre,
en la que mis demonios expulsan la noche
donde hablan sin saber muy bien lo que dicen,
un goajed en una cola, cuando a alguien le urge el tiempo.
Pero el tiempo no me persigue.
Me dicen que tengo que matarlo.
No son mis demonios los que hablan.
Ellos sólo me torturan,
y aunque ya no conozco rencores ni profundos dolores
son ellos los que mandan en estos cueros arrugados,
en estos huesos quebradizos.
Amo esa ciudad por la que he llorado como por una hija,
amo esa gente feliz que ha sido tan cruel,
amo a cinco seres que respiran ese aire,
y pueden aun dormir con puertas y ventanas abiertas.
Volaré un día a lo alto de una montaña.
Como una águila reina, vigilaré un ratonzuelo
royendo una bellota, una nuez, una mora.
Le espiaré soberbia, generosa en mi poder,
ansiosa de decirle
Puedo matarte, pero no quiero.
Tú, tú, haz lo que quieras.
Tienes tanto derecho a vivir como yo,
como yo a morir, de tanto masticar y masticar
mis demonios insidiosos, crueles, fastidiosos.
Los que con toda mi fuerza resisto
porque no son malos.
Sólo son el resto de mi infancia,
los miedos que me dejó la indiferencia,
la soledad que me quedó del desafecto.
Me quedaré muy quieta, sentada sobre
varias cajas de cartón.
Lloverá en Manhattan.
El teatro dejará salir fuera algo de su música.
Y me dormiré entre olor a orines y suciedades,
feliz de estar dormida para siempre,
acunando mi primera nieta americana,
en sueños, feliz de no tener que caminar sobre esa nieve sucia
y pisoteada, dura como el hielo, resbaladiza y negra.
No querré ir, creo. Estoy segura que a último momento
gritaré como loca, como cobarde enloquecida,
no me dejes, Señor, llévame al parque!y como cenicienta, toda cambiaré. La alegría,
la juventud, la curiosidad, el amor a todos,
me agarrarán por los pies y no podré nunca más volar.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)