sábado, 2 de octubre de 2010

Sola y mis entrañas.

Indiferencia maquillada de tolerancia,
soledad disfrazada de cariño,
angustia escondida tras pastillas.
No sé vivir. No aprendí a reír a carcajadas
sinceramente feliz de mis caídas.
Hice de mí un payaso que finge soberbia y seriedad
cada vez que cae y no puede levantarse.
Dormí al sereno, en las noches de verano,
en el patio de la casa paterna.
Perder la capacidad de creer,
de creer sin pruebas y sin memoria,
es la tortura que el Inasible tejió y decoró para nosotros.
Por más irracional que sea
la fe es necesaria,
y a mí se me escapó como un puñado de mariposas.
Ligeras, hermosas,
volaron lejos
hacia una tarde de invierno,
hacia otra noche de verano.

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