Adorado hizo y rehizo y arrugó varias veces su plan;
el tiempo, la palabra, la justicia y la libertad
quedaron entre los pliegues del último proyecto rechazado.
El tiempo es la primera arruga, la primera grieta oscura
en el papel hecho bola y tirado a la basura.
Plan estúpido, cruel, incompleto, ininteligible.
Los enigmas de la palabra, de la justicia y de la libertad
nos acosan todos los días.
Pasamos por encima del tiempo
porque creemos que los relojes son la solución,
porque nadie ha visto esqueletos de ballenas
debajo de la superficie del Sahara,
ni los huesos humanos esparcidos
entre conchas marinas,
entre restos fósiles de especies variadas,
manos humanas grabadas en paredes
de profundas cavernas
porque hubo bosques y selvas, ríos y lagos
donde hoy sólo hay dunas y mares de arena.
Decenas de metros debajo están las pruebas
que el Inasible nos robó el tiempo.
Terremotos, meteoritos, vendavales,
pudieron canbiar el clima hace más de diez mil años.
Preguntaos si el Invisible puede robarnos el tiempo.
Si puede engañarnos haciéndonos creer que veinte mil años
son la misma cosa que tres o cuatro meses.
Preguntadle al Gran Farsante
por qué pretende que creamos
en un mundo hecho en pocos días
-está bien si es una metáfora-
pero nos enmarcó en un mundo de fantasía
en el que sólo morimos después de atisbar los falsos guías.
Nos robó el tiempo, el Gran Simulador,
no sabemos qué es el tiempo,
ni si se nos escapa o nos escapamos,
si nos rodea y aprisiona
o nos libera y nos hace volar.
Tal vez es una espiral gigantesca y morosa
hecha de nubes y luna, de agua y de sol,
que lleva solamente estrellas y rosas,
que huyen de un escorpión.
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