domingo, 10 de octubre de 2010

Tierra

Soy la tierra.
A la tierra estoy pegada.
Es la tierra lo que como,
es la tierra lo que alimento.
Mis manos aferran ortigas
con la voluintad expresa
de sentir así la tierra.
Mística tierra. Salvia y menta,
naranja y tomillo,
cebolla y alhucema.
Mastico la tierra con amor sagrado.
Siento que crece dentro de mí
y yo crezco con ella.
Las espinas de las rosas no me pinchan. Las aprieto
como a la ortiga, para sentir la tierra en derredor.
En el perfume de las rosas y de los jazmines,
flores que son frutos, frutos que son tierra.
Y si hay un sólo Dios verdadero
no miles de imagenes y metáforas
sólo necesarias para seguir adelante,
si hay uno sólo, verdadero y necesario,
está unido con la tierra.
Dios es el espíritu libre, es la tierra y cada alma
que sufre y lucha cada día.
Otra idea es sólo consuelo,
otra cosa es sólo sueños.
Mi cuerpo acaule está contra la tierra.
Pasará a ser ácido o alcalino, metal o mineral,
polvo en fin
y fertilizará la tierra, y mis muertos olerán
el aroma acre de lo que fue mi cuerpo.
Tierra es alma libre, espejo reluciente,
Dios activo y tolerante, y amigo sincero.
Adorado, Invisible, Inasible, Gran Fraude,
son sólo mis nombres
para los que han sido creados como negocio,
para separar bien y mal,
como si el hombre supiera de verdad algo de algo.
Y ésta es mi última palabra.
Porque de verdad, me gusta demasiado
hacer bromas sin sentido.
Esta no lo es. Es mi tiempo Uno en la Tierra.
Por que el verdadero es Uno,
y me espera.

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