las luces vienen y van
el cielo oscurece o aclara
no lo sé
estoy encerrado aquí hace mucho
mucho tiempo
aparté las cortinas y vi niños jugar, correr, saltar.
luego bajé la persiana.
traté de dormir.
no pude, y me levanté para mirar fuera otra vez.
no había niños, sólo árboles escuálidos, solitarios,
uno cada veinte o treinta metros.
entró una enfermera,
o al menos creo que lo era.
me advirtió que me portara bien,
que el médico vendría pronto.
me tendí en la cama y esperé.
llegó un señor alto, de pelo negro,
anteojos con armazón muy negra y ancha.
me mostró unas radiografías y me dijo
lo que usted tiene es un bruto cáncer,
yo no me explico por qué no se suicida.
rió, con una risa amable, como quien acaba
de hacer una broma simpática.
volveré mañana, dijo.
iniciaremos un tratamiento de electroshocks.
y se fue.
ahora sí estoy solo.
me lo dije veinte veces por lo menos.
la pobre adela no soportará esto.
me levanté, saqué la sábana de arriba,
la retorcí para que quedara más pequeña,
busqué con la mirada algo de qué colgarme.
el baño. pensé. el baño.
fui al baño y desde un caño que iba hacia el techo,
colgué la sábana y envolví mi cuello.
me tiré desde el toilette.
pero debo haberme desmayado solamente.
me desperté acostado
atados mis brazos cruzados detrás, en mi espalda.
la enfermera me trató esos días con exquisita delicadeza,
como si yo estuviera loco,
o fuera un hombre violento.
no, no soy violento.
no tengo ninguna convicción que me vuelva violento.
no me siento frustrado.
por qué habría de ser violento?
Días más tarde, el mismo médico volvió,
con la misma alegre resignación
de tener que tratar conmigo.
no sé qué pasó.
durante días y días esperé a adela.
pero me dijeron que adela se había marchado
al pueblo, con el cadáver de su hermano.
su único hermano soy yo,
y estoy atado a esta cama.
cómo puedo estar en el pueblo?
Y mi madre? Llorará mi madre?
Llorará alguien por mí, campesino bruto,
sólo capaz de entender motores, armar autos,
arreglar máquinas?
pobre bruto al cual jamás hizo decir la oración
antes de dormir.
mi madre, mi madre me perdonará.
no es probable, pero tal vez me abrace
cuando vea que he vuelto.
http://tengomiedoaperdertusojos.blogspot.com/ La autora busca editar sus reflexiones, poemas, algunos cuentos. Su contenido es en cierto modo filosófico, no hay referencias a otros temas que no sean los fundamentos de la vida.
jueves, 30 de diciembre de 2010
martes, 28 de diciembre de 2010
no vi venir la noche
mi ventana cerrada,
mis ojos apretados,
tratando de llorar,
las risas a lo lejos,
de niñoa,
muchos niños,
y no vi venir la noche.
mi frente se agrietó como una vieja pared
como un viejo cuadro,
dejé de obligarme a llorar,
abrí la ventana,
y sí, ahí estaba la noche azul,
la noche negra,
la noche gris tachonada de estrellas.
las risas de los niños sonaron más claras.
Mis hijos corrían como bólidos,
tiraban la pelota al arco,
hacían goles de cabeza,
festejaban un cumpleaños en el campo.
Fui a reunirme con ellos.
mis ojos apretados,
tratando de llorar,
las risas a lo lejos,
de niñoa,
muchos niños,
y no vi venir la noche.
mi frente se agrietó como una vieja pared
como un viejo cuadro,
dejé de obligarme a llorar,
abrí la ventana,
y sí, ahí estaba la noche azul,
la noche negra,
la noche gris tachonada de estrellas.
las risas de los niños sonaron más claras.
Mis hijos corrían como bólidos,
tiraban la pelota al arco,
hacían goles de cabeza,
festejaban un cumpleaños en el campo.
Fui a reunirme con ellos.
lunes, 27 de diciembre de 2010
Glicinas azules
Mi abuela amaba las glicinas azules
las mezclaba con las blancas,
las guiaba,
y formaba enormes palacios
castillos encantados de ramos de glicinas
cayendo en cascada hacia nuestras caras.
Los niños nos deleitábamos con el jardín
de mi abuela, doña Judith.
Mi abuela lectora, tejedora como una hábil araña,
generosa con sus medias tejidas con cinco agujas,
con sus colchas formadas por cuadritos de hilo tejido,
y aunque vistiera siempre de negro,
sus ojos color del cielo claro
brillaban para nosotros
como lucecitas entusiasmadas y llenas de humor.
Oh glicinas azules, seguid creciendo, llenad el mundo,
convertid el desierto en un castillo de glicinas.
las mezclaba con las blancas,
las guiaba,
y formaba enormes palacios
castillos encantados de ramos de glicinas
cayendo en cascada hacia nuestras caras.
Los niños nos deleitábamos con el jardín
de mi abuela, doña Judith.
Mi abuela lectora, tejedora como una hábil araña,
generosa con sus medias tejidas con cinco agujas,
con sus colchas formadas por cuadritos de hilo tejido,
y aunque vistiera siempre de negro,
sus ojos color del cielo claro
brillaban para nosotros
como lucecitas entusiasmadas y llenas de humor.
Oh glicinas azules, seguid creciendo, llenad el mundo,
convertid el desierto en un castillo de glicinas.
Mañana azul
La mañana es azul
es clara y el sol ya reluce
aunque la luna sigue tercamente
en medio del cielo
una media luna
una media snadía
una media naranja
metida entre mis cejas.
Oigo los ruidos de la calle
los motores, los frenazos,
los gritos de los vendedores
los que ofrecen yuyos curativos
los que ofrecen pescados de río
la mañana azul y es verano
ha pasado la navidad, vendrá el año nuevo.
es clara y el sol ya reluce
aunque la luna sigue tercamente
en medio del cielo
una media luna
una media snadía
una media naranja
metida entre mis cejas.
Oigo los ruidos de la calle
los motores, los frenazos,
los gritos de los vendedores
los que ofrecen yuyos curativos
los que ofrecen pescados de río
la mañana azul y es verano
ha pasado la navidad, vendrá el año nuevo.
martes, 14 de diciembre de 2010
El llamado
Algo, esa noche,
golpeaba la ventana.
El perro ladró.
Luego, todo quedó en silencio.
Era ella.
Sé que era ella.
Oscura, callada, sin ojos,
con una guadaña en las manos.
Apagué la luz. Y esperé.
Así tres noches
una detrás de la otra.
A la misma hora.
Con la misma prudencia.
Delicadamente pidió que me preparara.
golpeaba la ventana.
El perro ladró.
Luego, todo quedó en silencio.
Era ella.
Sé que era ella.
Oscura, callada, sin ojos,
con una guadaña en las manos.
Apagué la luz. Y esperé.
Así tres noches
una detrás de la otra.
A la misma hora.
Con la misma prudencia.
Delicadamente pidió que me preparara.
sábado, 11 de diciembre de 2010
Mónica
Mónica, hoy es once de diciembre
un día once de diciembre
como el día que te fuiste
hace hoy quince años.
Mónica, dónde está tu risa.
Dónde tu buen humor
y tu desesperada voluntad
por trabajar y mejorar tu vida.
Mónica, sigue durmiendo.
Ya trabajaste demasiado.
un día once de diciembre
como el día que te fuiste
hace hoy quince años.
Mónica, dónde está tu risa.
Dónde tu buen humor
y tu desesperada voluntad
por trabajar y mejorar tu vida.
Mónica, sigue durmiendo.
Ya trabajaste demasiado.
Guillotinada
Espera los cuervos
los árboles abrigados
las noches vacías
negras como la muerte
sigue en los sitios tenebrosos
para reír con risa destemplada
para llorar
con llanto de niño abandonado
es una vieja que espera
solamente
el carromato que se lleva
a los que han perdido la cabeza.
los árboles abrigados
las noches vacías
negras como la muerte
sigue en los sitios tenebrosos
para reír con risa destemplada
para llorar
con llanto de niño abandonado
es una vieja que espera
solamente
el carromato que se lleva
a los que han perdido la cabeza.
Ausencia
Sin estar
solo tenue respiración
oye las aves carroñeras.
Atrapada en la incredulidad
segregada de los vivos
y de los muertos
casi mezclada con nada
la mujer apenas se mueve
sin ser
arrojada al yermo llano
hormigas trepan
y prenden sus afilados ganchos
su punzante veneno
en el cuerpo blanco y flaco
envejecido de soledades
sufriente de indiferencias.
solo tenue respiración
oye las aves carroñeras.
Atrapada en la incredulidad
segregada de los vivos
y de los muertos
casi mezclada con nada
la mujer apenas se mueve
sin ser
arrojada al yermo llano
hormigas trepan
y prenden sus afilados ganchos
su punzante veneno
en el cuerpo blanco y flaco
envejecido de soledades
sufriente de indiferencias.
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