Sin estar
solo tenue respiración
oye las aves carroñeras.
Atrapada en la incredulidad
segregada de los vivos
y de los muertos
casi mezclada con nada
la mujer apenas se mueve
sin ser
arrojada al yermo llano
hormigas trepan
y prenden sus afilados ganchos
su punzante veneno
en el cuerpo blanco y flaco
envejecido de soledades
sufriente de indiferencias.
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