martes, 14 de diciembre de 2010

El llamado

Algo, esa noche,
golpeaba la ventana.
El perro ladró.
Luego, todo quedó en silencio.
Era ella.
Sé que era ella.
Oscura, callada, sin ojos,
con una guadaña en las manos.
Apagué la luz. Y esperé.
Así tres noches
una detrás de la otra.
A la misma hora.
Con la misma prudencia.
Delicadamente pidió que me preparara.

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