viernes, 7 de mayo de 2010

Humanos en guerra

si la estulticia se mirara al espejo, vería la guerra, tu rostro y el mío.
Si necesitáis pruebas de la estupidez humana, ahí están, esos huesos limpios,
blancos, perfectos, de alabastro y tiza, de cal y odio.
Si la fe fuera certeza, algo tendría sentido. Pero la fe es sólo creencia, opinión, convicción irracional, prejuicio, caldero de sangre hirviente.
Sin tolerancia, la fe es odio dado vueltas como unas medias. Cuida tu fe, también
cuida el saber. No todo lo que se cree saber se sabe. La estupidez humana es infinita.
!No grites impotente y rabioso porque te digo esto! !No grites, por favor!
El grito antecede a la violencia. Le prepara el camino y la justifica.
Sólo la fe ha asesinado más que la razón. Muchos de quienes lucharon por la tolerancia
yacen como ramas de pinos, arena de playas, ojos de águila, pétalos de flores.
Se hicieron polvo a través de los siglos, y hoy podemos comer héroes
sin ser conscientes de ello.
Podemos pisotearlos, ponerlos en un florero, barrerlos a la cuneta.
No palomas, no te equivoques, no palomas. Sólo estrígidos nocturnos, animales hematófagos nocturnos, plantas voraces, carnívoras, humanos crueles, sólo esos visitantes saben reconocer
cuán pobre cosa es el hombre.

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