sábado, 8 de mayo de 2010

No soy un juez

Esta noche es noche fría, es noche de llanto y sangre, es noche de desdicha y de adiós
No juzgo tu vida, es la mía la que retuerce mis tripas, es la mía la que quisiera tirar a una zanja.
Quisiera jugar a la pelota con mi vida, tirarla por los aires, desinflarla
como un globo, romperla, rasgarla, aniquilarla. Por qué estoy aquí?
No lo sé. Yo ciertamente no pedí permanecer tanto tiempo. Tampoco venir a este planeta,aunque cada día lo veo más hermoso.
Preferiría ser una bacteria, útil o dañina, no importa, una bacteria sin sesos. Ni palabras. Porque son las palabras las que nos dejan solos, las que impiden comunicarnos. La sociedad comienza a desintegrarse por culpa de la palabra,
usada para engañar, insultar, degradar, atacar, desilusionar, ofender.
¿Por qué sentir debe ser algo que en principio o en final racionalizamos -con palabras-, como estúpidos? Sentir es entrar en uno mismo, asir nuestra alma,
conversar con ella.
Peero si vivir no es racional, no es verbal, no es gozar, no es comer, no es nada,
absolutamente nada. Queda la compasión.
La razón es un invento del hábito. Cerrar mis ojos, abrir mis ojos. Dar un paso tras otro. Saludar a uno, decir adiós a otro.
Por qué tantos sinsentidos? No es mejor abonar la tierra para que haya sólo flores y alimento para los herbívoros, y herbívoros bobos para los predatores?
Y volver a la tierra, madre de todas las madres, madre del sol y del tiempo,
madre del agua y del abeto, madre del ombú, del sauce y del río.
Madre! Madre! Madre! Te confundes con el ser, con el existir, con el morir,
con el llorar, con toda esencia de toda cosa .
Ayúdame. Que el dolor de mi esqueleto no arruine mi alma.
Que mis huesos quebradizos, mi corazón lento, mi artrosis cruel, mis ojos que apenas ven sombras y mi afán de saber,
no me dejen sentir la frialdad de la noche.
Pónme otro cobertor, madre. Tú me cuidaste, yo te cuidé, cuídame nuevamente ahora,
en esta noche cruel, en que existir y ser son palabras tan diferentes.
Y cuando nos encontremos las tres, la gran Pacha Mama, tú y yo, nos abrazaremos
porque será la última vez.

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