El viento abatió el ciruelo. Cayó
en la noche, cortado como por hacha,
donde el grueso tronco entraba en la tierra.
oh madera desfibrada, del color de las naranjas,
del color de las fresas y del color de la muerte.
Ciruelo generoso, que calmaste mi sed con el fresco jugo
de tus ciruelas amarillas.
Redondas, jugosas, tiernas, dulces, memoriosas de infancia,
de juegos a la hora de la siesta,
de pedazos de calor, de sol ardiente,
de una helada jarra de agua,
sudorosa y muda,
que nos esperaba con mi madre.
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