rodeo la nada donde mis ojos te vieron por vez primera
y los cuarenta años de vida juntos hicieron dar sentido
a la desesperanza y a la locura.
no temo a la nada más que a la envidia o a un perro borracho.
temo por ti
porque te vayas un día
y yo descubra
después de calzarme mis lentes y sacudir la cabeza
para despertarme
que he dormido junto a ese cuerpo helado
el padre de mis hijos
mi único compañero.
Dame tiempo, director corrupto, dame tiempo
y llévame antes.
Dormiré entonces sin ya despertar, oliendo los cambios del tiempo,
la lluvia, y cómo el sol calienta la tierra que me cubre.
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