domingo, 14 de febrero de 2010

No preví su llegada, pero el fuerte viento
dobló mi cuello arrugado
adelgazó mis rodillas y quedé colgando
como si no hubiera ya más hacedor ni
el piromaníaco cruel que le acompaña.
Salté,en cuatro patas, como una vieja lagarta,
como una destartalada cucaracha que lucha y lucha
por seguir viviendo.
Cuando se instaló, la enfermedad se regodeó con mi cuerpo
y mi cuerpo fue borrándose,
como una mancha de tinta sobre una tela mojada.
No importa morir.
Injusticia y muerte son inherentes a la vida.
Pero, por favor, si hay alguien que me escuche,
eliminad la enfermedad.

1 comentario:

  1. Leer tus poemas me eriza y estremece, me recuerda que la realidad no es ya la carita de nariz respingada y labios sonrientes y gordezuelos que yo atesoro como imagen tuya.
    Pero siento que eres la misma aunque tengas que luchar contra lo que sea para seguir en pie. Y asi seguirás hasta el último aliento, peleando. Aunque por fuera reniegues de la vida tuviste fuerzas para obligarme a seguir cuando yo quería que todo terminara para descansar. Y esa fuerza late en cada uno de tus poesías.

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