Una mujer es un símbolo de infinito,
una mujer es la eternidad.
Sólo recoge la ceniza del hogar.
Sólo tiene hijos a quienes amamantar.
Sólo ama y ríe, libre de rencores.
Es el único ser hijo de sí mismo.
Fabricado por sus experiencias
y por su conciencia.
Ser mujer es sufrir desprecios e ignominias,
talar árboles y encender el fuego,
hacer la comida y lavar la ropa.
Sin embargo, està siempre sola.
Nadie, ni siquiera otra mujer
puede comprender su mundo,
sus sentimientos, sus llantos,
sus caídas y sus esfuerzos para levantarse.
La mujer es un ginkgo, una araucaria gigantesca.
Vive y vive, eternamente vive
en el nombre, en el corazón,
en la armonía de quienes la vieron,
primero indiferentes,
hasta que salvó su hijo, hasta que lavó su ropa,
hasta que, ya cansada, limpió su casa y fue afuera,
a colgarse.
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