martes, 4 de marzo de 2014

La playa sin fin, la playa que no acaba nunca,
fue diseñada llena de misterios, de vida y de trabajo.
Con la arena fabricamos relojes. Hacemos casas,
esculpimos esculturas, hacemos la arena más fina,
tendiéndonos en ella, al ritmo del sol.
y la cal, y el cemento, y el calor que detiene el aliento
lamiendo los techos blancos.
Corre el sudor por los brazos,
y la playa ondula,
las gaviotas vuelan,
patinan sin rampas sus alas de naranjos
liviana en su suave lentitud.
Qué maravilla morir nadando en el aire,
descender caminando
como si nos inclináramos
a besar la frente de un niño.

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