Enormes extensiones
de tierras estériles.
Ni un hilo de agua
mojaba aquellos campos callados,
en el silencio de la agonía.
Y pensé en sus palabras
Di-s, por qué me has abandonado.
Su humano dolor,
su temido fracaso,
fue un mero descuido, Señor.
Tú nos has descuidado.
Aun no nos has abandonado,
no definitivamente.
Ilumina estas tundras, estas landas,
estos cenegales de triste recuerdo,
y llénalos de gracia,
llénalos de compasión.
No seremos mucho mejores
pero recuperaremos
la esperanza
que como una fuerza ciega
nos hace mártires y héroes.
Haz que levantemos nuestras cabezas,
que podamos sentir vergüenza
sin antipatía,
que podamos comprendernos,
que podamos abrazarnos otra vez.
No hay comentarios:
Publicar un comentario