martes, 4 de marzo de 2014

La palabra

la palabra

la poesía sale del mismo tronco que las entrañas
más profundas y sangrientas de cada uno.
La poesía busca lo más austero y puro
de nuestro ser,
es una roca en el corazón
tembloroso y sangriento.
Cura las heridas supuradas, toma tus manos como ortigas,
hasta llegar a las tripas doloridas y sufrientes,
aliviando todos los males y todos los pesares:
solo tú quedas más fuerte.
Porque no da felicidad, da fortaleza,
una fortaleza que te da felicidad, porque está en su núcleo.
Olvidemos el mundo y sus fantasmas, olvidemos las pasiones
y sus fuegos ya fundidos, derretidos, como pájaros de muerte en las manos.
La melancolía guarda las cenizas, las entibia, te besa
como se besa la frente de un muerto cubierto por un tul.
La poesía es cruel, no tema la sangre que derrama,
aunque te revuelve las entrañas
no te abandona ni te engaña.
Te  da la verdad como un regalo,
como un sacrificio ritual, como un veneno escondido,
sin embargo sabes que la verdad es la de Federico, la de Antonio,
la de Teresa, Miguel y Rafael,
la de Delmira, la de Circe, la de Gala.
Son todas verdades de la misma raza
las verdades que como la aritmética se funden en el álgebra.
Traducen a fórmula general una simple suma,
te dejan un canal corriendo por tu cuerpo,
la paz del alma, el sopor del tiempo.
Y te acompaña hasta la muerte, cuando alguien
invoca al rey David y a sus canciones,
y te dice, no temas, no temas, ve por el valle de la muerte,
que alguien te protege y acompaña.

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