domingo, 16 de febrero de 2014

La casa vieja

Casi derruída,
trozos de piedra en el suelo,
pedazos de pizarra,
el techo inexistente,
así encontré la casa
en la que nació mi padre.
Oh Asturias querida!
Mi padre tuvo que emigrar a América.
Y eligió Uruguay,
donde ya había parientes.
Lloré como un niño, o como un hombre,
impasible, sin un solo gesto.
Mi padre no hubiera llorado,
pero sí acariciado esas piedras.
Tomé algunas pequeñitas, pensando
en mis nietos.
Ahora es sólo una pequeña piedra
lo que nos une.

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