Una noche más
una noche helada.
Los dedos apenas se mueven,
las mejillas queman de frío.
Ratas y ratones corren por la calleja,
saltan dentro de montones de basura.
Otra noche terrible
para los que carecen de todo
para los que, teniendo,
piensan y no saben cómo ayudar.
Esta noche cuajada de estrellas
estremece mi vientre,
amenaza detener mi sangre.
Los dioses se han olvidado cuán frágiles somos.
O no lo han olvidado.
Pero sí rechazan el asunto,
puesto que es solo nuestro.
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