La tarde medita
silenciosa,
el sol va apenas moviéndose.
La tarde cae, mis ojos ya no ven bien los colores.
Un solo ser humano es la humanidad,
y pienso en la ceguera como en un paraíso tranquilo.
¿Qué pensarán los demás?
Una brisa suave corre, de a ratos,
como para recordarnos que el otoño vendrá pronto.
Siento un murmullo atenuado. Va creciendo.
Son los niños que regresan del río.
Seguramente han pescado y están contentos.
Imagino los colores de uss ropas,
imagino la ocasión que conocí a Sara y veo su cabello rubio,
su sonrisa generosa, fresca, espontánea.
Ahora me queda imaginarlo.
La tarde cae. Ya no en silencio.
Voces infantiles vienen a contarme los acontecimientos del día.
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