domingo, 16 de febrero de 2014

Una rosa blanca

La tarde está muriendo.
El rosal blanco dispersa su aroma,
sus flores parecen copos de algodón,
la tarde torna algunas de sus rosas en rosadas,
las nubes que ya están donde estaba el sol.
El planeta sigue andando.
Aunque haya signos de radiactividad
qué podemos hacer. Qué podemos hacer
para parar las guerras y eliminar la pobreza.
El hombre tiene una sola solución: guerra.
La manta pálida que cubre los árboles
se torna en liviana niebla.
Los niños piden de comer.
El abuelo sus remedios, antes de acostarse.
No, por favor, no a la guerra, ni al prejuicio,
ni a la discriminación.
Cosamos ese botón que te has arrancado de la túnica.
Planta esas semillas que has comprado.
Veamos tus deberes. Tus derechos ya los sabes.
Me refiero a los deberes que te ordenó la maestra,
la tarea.
Hijo mío, ¡dividir por dos cifras!
Necesitaremos al menos media hora hasta que lo aprendas.
Mejor ve a darles un beso a papá, a los abuelos, a tus hermanos.

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